Paola Cadena

Poemas de Paola Cadena
De Hotel (2008)
Placa en honor al fundador del hotel
Cada hombre es un hotel de paso
tiene habitaciones en sus manos y en su vientre
y la mejor suite siempre está en los ojos
aunque a veces sean opacos y callados.
Todo hombre tiene un bar en su garganta
y un corredor largo y oscuro
desde el alma hasta la razón.
A sus espacios diminutos llegan hombres y mujeres
con velas encendidas
o linternas desgastadas
Un día el hombre muere
y entonces llegan los gusanos
comen y beben
y luego se marchan sin pagar la cuenta.
De Cinema (2012)
Las flores del cerezo
La vejez como un don de la memoria
regala el olvido como el silencio mayor
Olvidar para asomarse en otros ojos
y ver que la muerte es una mosca que no debe matarse
Una mosca que zumba de reojo en los días
y que se anuncia como la sentencia de un sueño
El desconocido de mi vientre se llama hijo
asistirá a mi entierro
pero no entenderá la tierra ni la muerte
no entenderá los años ni los fríos.
Sé cómo se muere cuando es necesario un baile
morir para que estés muriendo libremente
para que seas un hombre vestido de dama
un matrimonio sin cuerpo
que busca a Dios en un monte
Dios se llama Fuji
es un señor tímido que abrió sus ventanas
quiere vernos bailar el paso de su silencio blanco
La danza del Bhuto es un llamado porque todos tenemos una sombra
un dolor y una búsqueda
Perseguir mi sombra
es una forma de bailar
Morir frente a un monte blanco
es una forma de estar vivo
La niña colgó mi nombre en su pecho
y luce mi sombrero como una lágrima
Así se van los ancianos
así los niños aseguran su muerte
su fatiga
su futuro de ya no estar
El amor es algo así como desentender el mundo
La mujer muere para que el hombre
con sus faldas puestas
baile en su ser
De Apartamento 4 (3419 Telford Street) (2020)
A Leonard Cohen
Me dijeron que murió usted una de estas noches,
pero los milagros tienen derecho a morir varias veces,
a multiplicar su partida en pequeños adioses
que nos dejen a todos
seguros de la presencia
que ya no es.
Por eso lo invito a morir aquí.
Escribo este poema como un funeral,
dicen que murió una de estas noches,
pero aquí llegó la noticia sola, sin su ausencia.
Aquí, usted, sigue cantando.
No se preocupe, señor,
puede ser este un funeral discreto,
que piensen todos que su cuerpo se hizo despojo
envuelto en una caja sin música ni voz.
Si quiso morirse, señor, ante el mundo,
yo puedo guardar el secreto de su sangre,
poner sus canciones bajito para que nadie,
nunca,
note este estruendo de su vida muerta.
Escribo, como en vigilia, para expresarle mi quebranto,
este dolor en el pecho de quien extraña un vacío,
esta sensación de que el día, ahora, llueve a medias,
como sin agua suficiente para ser tempestad.
Nadie le dijo, señor, que tenía usted derecho a morirse.
¿Cómo se atrevió, una noche cualquiera,
a dejar su cuerpo frío
y sin voz?
¿Por qué canta esta canción, como si nada,
para después salir corriendo entre su muerte
como quien poco sabe de la luz?
Caso de música y silencio
No sé muy bien cómo se llama esa sombra,
pero supongo que es bailarina
porque se mueve como una ausencia y tiene luz,
eso es:
una ausencia sonora, una penumbra desnuda,
el vaivén de la música como un temblor de Dios,
la sospecha de una escena que sólo existió en mis ojos,
pero existió,
lo juro.
Y vi salir la vida toda desde mi alfombra
como un muerto que se levanta a besar sus flores.
No tengo un cementerio en este cuarto
pero la vida, como un difunto, se puso en pie
y ya no supe yo cómo nombrarla.
Esta mujer desnuda que soy, sobre mi cama,
soledad de un respiro hecho tabaco
y la música, que se hundió en el aire y en la lluvia
para mojarse, para ser canción húmeda y lejana
fue ese el acontecimiento.
Nada más trascendente que una rutina sola,
esas cosas que pasan cuando el mundo se olvida
y la sangre se vuelve líquido trasparente
y los navíos de Dios, que tampoco se llama Dios, colonizan los ojos.
Esas cosas que pasan y que no puedo decir,
no sé cómo se llaman,
nada de esto que escribo se les parece,
es eso, ¡eso que está ahí!
un bombillo apagado, una canción,
una noche sin destino ni convidados,
este fuego en el pecho como una verdad,
algo mío.
Sólo quise decir que la música está en el aire,
como Dios,
que Cohen canta y en su voz
hay un color y un sudor tibio.