Jordi Virallonga
(Barcelona, España). Poeta, ensayista, traductor y profesor.
Es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Barcelona y Presidente del Aula de poesía de Barcelona desde su fundación el año 1989. Ha publicado 20 libros de poesía y diversas antologías. Sus últimos poemarios publicados en Colombia y México son: “Por si no puedes” (La cabra editores, México Df. 2010), con prólogo de José Hierro, “La amplitud de la miseria” (Ed. Caza de libros, Colombia, 2013), “Incluso la muerte tarda” (Caza de libros, Ibagué, 2018 y Visor, Madrid 2016) –con prólogo de Juan Gelman- y “El perfil de los pacíficos” (Mantis editores. Guadalajara, México, 2019. También, en Doble fondo IX (Colección Musgonia, Líbano, 2014), antología compartida con el poeta colombiano Gabriel Arturo Castro. El año 2017 publicó dos libros en catalán: “Amor de fet” (Amor de hecho), y uno infantil y juvenil “Animalons” (Amimalillos). Ha ganado diversos premios internacionales y ha sido antologado en diversos volúmenes de poesía española, también en Argentina, México y Venezuela. Sus libros y poemas han sido traducidos a 15 lenguas.
Sobre su poesía han escrito y tratado notables maestros: Marco Antonio Campos, Manuel Díaz Martínez, Antonio Gamoneda, Juan Gelman, José Agustín Goytisolo, Félix Grande, José Hierro, Diego Jesús Jiménez, Nuno Judice, José Ángel Leyva, Adnan Özer, Paolo Ruffilli, Edwin Yllescas, etc.
Además de poesía, ha publicado varios ensayos, así como artículos de crítica literaria, también política y social. Es un estudioso de la poesía contemporánea y especialista en poesía comparada en leguas románicas, especialmente de la española y la catalana.
Ha traducido al castellano libros de poetas portugueses, franceses, italianos y catalanes. Ha publicado dos antologías de poesía catalana traducidas al castellano, “Sol de sal” (DVD editores, 2002), “20 del XX en la poesía catalana” (La otra, México DF, 2013), y la “Obra completa de Joan Salvat-Papasseit” (La poesía señor Hidalgo, Barcelona 2008). Asimismo ha publicado en Plaza&Janés antologías divulgativas de la obra de Antonio Machado y Jorge Manrique. También ha publicado ensayos, entre los que cabe destacar “José Agustín Goytisolo, vida y obra” (Libertarias, Madrid, 1992).
Poemas
Anatomía de la esperanza
Tienes ojos de evadida, trabas
con las piernas la maleta y camuflas
tu mirada en el café del tránsito que asusta.
Si logras no mirar no pasa nada.
Huele a pan, a huir del odio
de tu casa, a ofertas de trabajo,
si en metro, línea verde.
No ignoro tu belleza ni tu pánico,
nadie se fija en el temblor de la cuchara,
tu sombra baja con el sol hacia las calles.
Tu dolor pervierte algo
de este gozo de igualdad civilizada.
Quieres poder y estás dispuesta a todo,
lo han hecho otras mujeres,
pero aún eres la niebla, escucha,
y la lluvia,
y las diez de la mañana.
Por si no puedes
Por si no puedes
la vida te deja a veces dormida,
te ofrece un encuentro, te da ocho brazos,
cien labios, un cuento y un reino sin nombre,
para que te acuerdes de cuando eras niña.
Te da la tristeza, la sed y el deseo,
mas da también besos y una toalla,
un poco de agua, un bar y un barco
y un hombre buscando las llaves del mar,
y un grito en el parque por si tienes miedo.
Ayer te esperaba en la cama,
te llamé muy fuerte: ¡Amor!, dije; ¡Amor, Amor!,
muy fuerte y fue la noche
quien movió brevemente tu pijama.
Monólogo del transparente
No puedes sospechar
que soy quien deseo que desees
mas no has de lamentar ni te es preciso.
Desconoces el azar que a dos mesas
ni te pesa ni te quita, a ti te da lo mismo.
Un hombre nunca vale un reino
aunque quizá valga la pena.
Eres una reina que no sabe desear,
te escribo a ti que ni me observas;
yo sigo en este bar donde te miro,
borracho, como el sátrapa de Persia.
A veces sucede esto que te digo
Sucede que lo más nimio te amontona,
subes las escaleras y al buscar las llaves
encuentras tres monedas,
las puertas cerradas no te esperan,
todas, y son muchas,
a veces sucede esto que te digo,
que estás bien pero te dobla
el dolor un clavo en el costado
y sigue teniendo el día
un montón de veinticuatro horas,
pero nada podrá contigo
aunque la muerte sea una frase
que te odie treinta años:
tus hijos no son tuyos ¿recuerdas?
y qué me importa a mí el dinero
si no vas a quedarte a mi lado.
Sobre la esperanza
Hay sucesos que se explican
con una ecuación matemática,
calles que se mezclan con un día
como cajas sin fruta y hoy no valen
ni siquiera una tragedia,
son bolsas viejas con gritos de mujer,
hombres que fagocitan el rencor
con versitos, cenas sepulcrales
y regalando artesanía amorosa.
Quienes han liquidado la pasión
deberían morir solos largamente,
que a su imagen y semejanza,
nada nos importen,
y al oír las noticias, al tomar el café,
recordemos que es un camelo la nostalgia,
que el progreso impide
que los muertos resuciten,
y que nada nos deja más pasivos
que esta inercia de creer en la esperanza.
Nada es mío
No, no es verdad, nada es mío
y es una quimera el usufructo:
quien sabe bien su oficio y te sirve,
a quien sirves instalándole una alarma
o un poco de ternura para que no se muera,
instala a otros íntimas, feroces,
insaciables cajas de caudales
en su casa y también en tu cabeza;
el mismo que te busca ha de alejarse,
quien te vio nacer puede enterrarte,
y si enseñaste a amar, si amaste a alguien,
terminará amando lo que ames,
odiando lo que odies
y luego odiándose y amándose a sí misma
por haber dejado de ser ella por tu culpa;
nada es tuyo, todo es de todo lo que pasa,
también el blanco de los ojos,
el mismo corazón, la hora negra.
Higiene
Puedo abrir los ojos
y crear el universo,
o cerrarlos,
y plantado ante el espejo escupir sangre
sólo cada tres o cuatro meses,
no pasa cada día,
y advertir que aunque caiga pronto
vosotros –y vosotras, perdón, se me olvidaba-
correréis la misma suerte,
eso es, no sé si me explico,
y que no os bastará saber para estar vivos,
peor aún, ni la fe para ganar el cielo.
El amor cuesta más de lo que vale
El amor cuesta más de lo que vale,
a algunos mucho más y otros se alegran
de que exista ese dolor que desconocen
si con la debilidad salen ganando.
Se llaman miserables y tienen siempre
una casa al final de algún sitio,
llaman borracho a los dejados, insolventes,
debiluchos depresivos furibundos
para los que encargan libros de autoayuda,
para dejarlo todo en la custodia
de los fuertes, los pacíficos
sensibles a la tuerca y la factura.
Los algunos nada tienen que ver con los otros,
no tienen domicilio, por eso leen mucho
y escriben improperios que a veces tachan
para que no se note que aman la poesía.
Por fin tienen dos ventajas con que embisten:
conociendo el odio no odian casi a nadie,
y lo mismo que los perros, duermen poco,
aman más a quien está más triste,
no te abandonan ni aconsejan ni te avisan
y un día se mueren pronto para dar menos disgusto.
Miedo del ejecutivo
Pasas horas para que quede menos tiempo,
es la desidia quien produce este cansancio
que de nada le sirve a tus amigos,
que no cuenta como excusa en el trabajo,
al médico de urgencia, y creces
con el deseo pidiendo recompensas.
Tanto esperar y cuando pasa ni te mira.
No siento dolor, es un resto acibarado
que suplo con un curtido fogueo de apatía.
Mañana echaré otra vez los dados
y llegaré a casa con los bolsillos vueltos.
No puede ser mejor la riqueza
que este puto recuerdo y esta puta nostalgia
de nada, de nada, de nada.
Ayudando a construir el nuevo mundo
No tiene ningún interés la costumbre,
es paciente, hay que masticarla siendo cordial:
perdone, gracias, bajo a la siguiente,
lo mismo diez veces cada día,
aunque no sientas lo que dices,
ni lo escuches,
como cuando corres los visillos
y oyes al subir las persianas
que en las tiendas habrá ropa,
platea en los teatros, noticias
con pelícanos y muertos,
que te importan más bien poco.
No te asustes más, contra ti no tiene
ninguna estrategia el olvido,
sólo estás ayudando a construir el nuevo mundo.
Tienes el corazón en la cabeza,
por eso no tienes corazón.
Requiem
Reconócelo, eres oblicuo,
has de decir pero no eliges
distancias exactas,
pierdes aunque tengas razón,
porque la verdad no existe ni se mide en línea recta,
pero pierdes,
eres como un castillo en ruinas,
la arena de una guerra en que has caído
y alguien pensará
que todos menos tú conservan en sus fiestas
la cabeza sin problema,
una pírrica arrogancia
con un flanco por el que han entrado
cuando estaba destruido,
pero no vas a pedir perdón ni a pasar cuentas
cuando vengan un día a despedirte.
Les darás la cara echado,
hablarán de ti aunque no quieran
y perdurarás cuando den tus cenizas al olivo,
porque quienes vivimos con pasión
ya alteramos el tiempo para siempre.
Terminar las cosas
Todo hombre ha soñado en terminar las cosas,
pero sólo pone los infinitivos, los plurales,
deja inacabado el crucigrama,
las gafas encima de la mesa,
y se pone a descansar.
Ya no admira el dolor,
lo que hizo pudo hacerlo cualquiera,
fue como jugar a cartas, beber gratis
o pagar una ronda de cervezas.
Ahora ya no escoge,
prefiere sólo a este hombre en paz,
declina el honor del vencido
y renuncia a la nostalgia,
porque es tarde para reconciliar
quien pudo ser con otras vidas.
Es mejor callar, tampoco lo elige,
como no elige observar el expolio,
se conforma con estas dos ventanas,
la paz que da saber que de todo lo que pase
ya tan sólo lo demás tiene importancia.
El centinela
Esperar, sufrir,
dar vueltas por la casa,
atender un regreso,
desear verdad y venganza,
cavar la bajeza.
Nada más puedo hacer
con todo esto que soy,
aun sabiendo que,
cuando tienes pavor,
la peor soledad
es la del centinela.
Metafísica
Perdurará el vuelo, no las aves,
el fuego sin la guerra, la tierra
junto al agua, sin bien y sin maldad.
Las ideas cambiaron las calles, no el aire,
son una persiana flotando en el mar.
Lo que es, quieras o no, es lo que te espera.