Félix Suárez
(Estado de México, 1961). Poeta, ensayista y editor. Maestro en Humanidades y doctor en Letras Modernas. Fue director fundador de la revista Castálida; subdirector de publicaciones del Instituto Mexiquense de Cultura, y coordinador del Programa Editorial de la UAEM. Actualmente se desempeña como miembro ex oficio y editor del Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal. Premio Nacional de Poesía Joven “Elías Nandino” (1987), Premio Internacional de Poesía “Jaime Sabines” (1997) y Premio Literatura Estado de México, 2011. De poesía ha publicado: La mordedura del caimán (1984), Peleas (1987), Río subterráneo (1990), En señal del cuerpo (1998), Legiones (2004), También la noche es claridad. Antología poética 1984-2009, (2009), El amor incluso (2011). La editorial Calygramma le publicó en 2013 un libro de ensayos titulado Visitaciones del porvenir. Enigma y profecía en la tradición de Occidente.
Poemas
El pozo
Estábamos ahí de pronto sin pedirlo.
Frente al pozo.
Asomados
con miedo al ojo quieto de la noche.
Ardía el olor a tierra húmeda
y un cuchillo de luz temblaba
allá en el fondo,
como sobre la piel acuosa de un animal.
Era de verse aquello, mi Dios:
el alma que tú me has dado,
temblando como una hoja indócil frente al destino.
Señales
Soy sólo un hombre, por eso necesito señales visibles
Czeslaw Miloz
I
¿Ahí estuvieron siempre
las bíblicas señales
para seguirlas?
Digo, ¿frente a mí, en mi frente, ardiendo
como otoñales zarzas
en medio de la luz?
¿O cuándo fue, en qué momento
cerré los ojos, los sentidos,
para sellar con fuego la desgracia?
Claroscuro
Con una oscura conciencia
de animal escarnecido
lo voy sabiendo:
no duramos.
La mañana es un patio con sol
y pájaros de estruendo.
Luego uno está ahí por un instante.
Solo. Deslumbrado.
Ciego de tanta luz.
Y enseguida oscurece.
Argonautas
Remo la noche inacabable.
Vengo remando hace cuarenta años.
Tengo hijos, hijas, y habría
querido para todos ellos
una vida sin remos
y hermosos ángeles guardianes.
Pero sé bien
que no a otra cosa hemos venido
sino a remar, aspas de ciego.
Oigo a mi lado el chapaleo
nocturno de otros remos,
otros que van o vienen.
O vienen y van
–gimiendo–
hacia ninguna parte.
Poscoital
Podríamos ser así
dos muertos frescos solamente.
O un par de tibias bestias
rendidas y acezantes.
Pero nos une la boca mutua sobre todo,
la piel de suave espíritu agradecido,
y los ojos también,
los ojos nuestros,
tan distantes,
que han venido a mirarse aquí.
Tan desolados